03 de marzo del resto de mi vida
Mi Viejito Chulo, es triste saber que no estás, que no hay a quien decirle "Feliz Cumpleaños" este día, ni el año siguiente, ni nunca más. Cinco años sin tu maravillosa presencia, sin tu guía, sin tu amor, sin tu consejo, sin la calidez de tu abrazo, sin la ternura de tu voz . No hay madrugadas de "no puedo dormir, me puedo acurrucar contigo", ya no, ya no estás.
Eso que dice la gente de que "el tiempo todo lo cura", pues no, la verdad, no. Uno aprende a vivir sin aquellos que murieron, aprendes a despedir con mucha tristeza el cuerpo metidito ahí en una caja de madera, una caja que cuando te la entregan sigue caliente como si el cuerpo en cenizas mantuviera su calor de siempre, ese calor de cuando estaba vivo y sonriendo entre los que le amaron. Sin embargo, eso es polvo, polvo con pequeños huesos de un ser, que siempre te hará falta.
Siempre me he preguntado ¿Por qué habiendo tanta gente tan mierda y que en verdad no merece vivir, se tienen que morir los que valen la pena, los que amamos? ¿Por qué no se muere toda esa escoria? Ellos deberían morirse, pero no, ahí están, caminan y hacen daño. ¡Esos bastardos! ¡Malditos afortunados!
No me van a alcanzar los libros para honrar tu memoria, para hablar sobre tu vida, para olvidar aquella mañana en que mirando por el ventanal de la casa, me dijiste llorando "no me quiero morir", me costó tanto no llorar contigo, solamente te abracé y me tragué el llanto. Yo tampoco quería que te murieras, tampoco quería. Todos nos aferramos, tú a nosotros y nosotros a ti, pero ya estaba la muerte sentada a tus pies, ya no había modo de liberarte, ya no había más qué hacer. Apelar a los buenos momentos, llorar sobre tu pecho, el de mi madre, el de Renata, no había más. Te fuiste y todos te prometimos en tu lecho de muerte una infinidad de cosas, nos pediste ser felices ¿Cómo sé es feliz sin ti? ¿Cómo uno puede estar completo? Ya no vuelves a estar completo, siempre faltarás.
Siempre espero que un día, cuando me toque morirme, seas tú quien venga por mí, que sean tus brazos amorosos los que me lleven, no esos fríos y esqueléticos brazos de la muerte. Que me cuentes una bobería como siempre lo hacías, que rías conmigo como en aquellas madrugadas en que me ayudabas con mis tareas de física.
Aquí todo está cambiado, los niños crecen y los que éramos jóvenes ya no lo somos, otros más murieron. Todavía hay quienes preguntan por ti, es duro informarles que estás muerto, duro para ambos, porque se siente un nudo horrible en el corazón al verlos sufriendo porque saben que jamás volverán a verte. Ya uno abraza al otro y le dice esas palabras que de escucharlas, hasta dan ganas de no haberlas dicho nunca "pero ya no está sufriendo" "lamento decirte esto", esas palabras a nadie reconfortan, por ello, he optado por el abrazo, ese alivia un poco la tristeza del alma.
Viejito, pensando en aquello que dicen los sacerdotes y que en verdad, quiero creer, pues porque así somos las personas, en los momentos de tristeza creemos en todo, porque eso alivia el dolor. Bueno, los sacerdotes dicen que tú nos ves desde el cielo y que nos acompañas como un ángel personal, eso me da un poco de gracia, mira que hasta la chamba le quieres quitar a mi ángel de la guarda, y seguramente, haces mejor trabajo que él. Si eso es verdad -insisto en que me gusta la idea del sacerdote- seguramente estarás tentado a aventarnos bolas de nubes cada que hacemos una burrada y quizás te rías de las veces en que alguno ha dicho una de sus muy tradicionales tonterías, pero si el sacerdote se equivoca -algo que no dudo- déjame decirte, que yo te llevo siempre conmigo, camino y pienso en ti, cuando algo bueno me sucede, pienso en ti, cuando algo malo pasa reviso todos los consejos que me diste durante todos esos años y elijo el más adecuado para continuar. Porque a nosotros nos tocó continuar y eso, a veces, parece una tarea difícil.
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